
Ya había observado en el comienzo de la 2ª temporada que Blair en lugar de bikini, aparece con un fabuloso bañador en la escena de las tumbonas de la casa de los Hamptons. También Serena aparece previamente en la escena del asalto a la piscina del colegio con un traje de baño negro sencillamente espectacular.
Yo ya he tomado partido en esta contienda: nada podía hacerme más feliz que el glorioso resurgir del bañador.
De pequeña, pasé directamente de la ranita al bañador y no fue hasta los 19 años que adquirí mi primer bikini y no porque mi desarrollo hubiera favorecido lucirlo mejor que en la adolescencia sino por miedo a parecer una inadaptada y ser señalada en la playa por ser la única menor de 40 años con la barriga tapada y, por ende, blanca.
En honor a la verdad, he de decir que con los años también le había cogido el gustillo al bikini y me arriesgaba – ya sin los complejos de la juventud aunque con las mismas curvas – con modelos cada vez más escuetos. Sin embargo, siempre he sostenido y lo mantengo que no hay traje de baño que favorezca como el bañador. Ni siquiera su hermano hortera aparecido hace unos años y conocido con el absurdo término de trikini.
El bañador favorece, estiliza, disimula, matiza, realza, comprime… Y no, no lucirás una tripita bronceada pero derrocharás estilo, glamour y clase.
Yo, personalmente, no he querido renunciar este verano a un moreno sin marcas y me he hecho con no menos de ocho bikinis. Pero hay momentos en la vida de una Gossip Girl con curvas en los que un bañador se presenta como la opción más acertada como una barbacoa en la piscina del jefe, un paseo en barco o una visita al spa. No creo que ninguna de estas situaciones se me ofrezca este verano pero, por si acaso, ya me he hecho con tres modelos de lo más favorecedor. Encontrarás ejemplares fantásticos a muy buenos precios en Women’s Secret, Oysho o Carrefour y, por un poco más, en Etam y Cortefiel.
Gossip Girl precavida vale por dos.
Sabéis que me adoráis.






